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Camino hacia la escuela: el privilegio de educarse

Mientras unos se levantan por la mañana y se quejan de lo fastidiosa que es la escuela, miles de niños en el mundo desean tener la posibilidad de estudiar. Sus condiciones de pobreza, las discapacidades físicas o el ambiente hostil en el que les toca crecer les imponen limitantes para acceder a la educación. Existe una gran diferencia entre el que quiere y no puede y el que puede y no quiere. 

En países como Kenia, Marruecos, la Patagonia Argentina y la India (por mencionar algunos lugares), los niños deben caminar entre una a cuatro horas para llegar a sus centros de estudio, que se encuentran bastante alejados de sus hogares. Salen solos por la madrugada para estar puntuales y se exponen a distintos riesgos en el largo camino, pero eso no los detiene. Emprenden marcha con gusto, y muy a pesar de las circunstancias. 

En El Salvador, la escolaridad se ve afectada por el contexto violento en que vivimos. Los niños se exponen al contacto con las pandillas, teniendo que moverse de escuela en escuela para buscar seguridad. Se han dado casos en que los maestros en las instituciones públicas del país acosan a las menores o faltan el respeto de sus estudiantes. Además de que para llegar a los centros escolares en las zonas rurales, algunos pequeños deben caminar por quebradas y carreteras. Aun así, los niños asisten a clases y luchan por finalizar sus estudios de educación básica y aspiran a la educación media.


Parece absurdo hacer tanto esfuerzo por estudiar cuando lo más práctico sería, a lo mejor, quedarse en casa y dedicarse al ganado, a la agricultura o cualquier oficio de familia y ganarse el pan. Cualquier persona cómoda preferiría no asistir a la escuela para ahorrarse tantos inconvenientes, un pensamiento de estanque, que va en contra de la superación personal y del desarrollo. En nuestra época, el estudio se vuelve vital para conseguir oportunidades; estos niños están conscientes de ello.

Ver la educación como la posibilidad de satisfacer la necesidad de saber -que es natural al hombre- es la clave del éxito, más allá de los factores económicos o sociales que nos limiten. El Estado invierte en educación y vela –en teoría- porque todos tengan acceso a ella. Saber aprovechar estos espacios depende de las familias y del futuro que quieran para sus hijos. El que se rebusca sale adelante, el que se educa no se deja engañar, tiene el mundo en sus manos.

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