Siempre que se inicia un debate sobre lo sobrepoblada que está la Tierra, el argumento que prevalece es que el número de personas en el planeta es exagerado y sobrepasa su capacidad, y que si no se hace algo para detener el acelerado crecimiento de la población, sufriremos consecuencias severas. La solución que se propone es tomar medidas de control demográfico como lo han hecho China y la India.
Pero esto es solo una ideología, lo que Alonso Castañeda, Director de Educación e Investigación para el Mundo Hispano, define como un sistema de ideas que pretende ser una descripción científica y verdadera de la realidad social, pero que en el fondo no es más que una construcción conceptual falsa, cuyo propósito es darle una apariencia de legitimidad a los que detentan el poder o a los que buscan dominar la conciencia colectiva. La “sobrepoblación” no constituye una amenaza real para la vida.
La población actual de la tierra se acerca a los siete mil millones, cierto, pero ¿cuánto espacio ocupan realmente esas personas? Muy poco en realidad. El Estado de Texas, por ejemplo, tiene una superficie de 696.241 kilómetros cuadrados, lo que significa que si pones a toda la humanidad en ese territorio, podrías entregar algo menos de 1 km2 a un grupo de 10 personas. Además, no todos los habitantes del planeta utilizan los recursos disponibles; de hecho, 884 millones de personas viven sin acceso al agua potable y la cuarta parte de la población mundial carece de electricidad para alumbrarse. Mientras unos tienen bienes en abundancia, otros apenas cuentan con los necesarios para sobrevivir. Si cada quien tuviera acceso a condiciones iguales de espacio y de recursos, “la capacidad del planeta” alcanzaría.
Entonces, no se trata de un exceso de población, sino de una mala distribución de los recursos. Pero las élites occidentales como Estados Unidos y la ONU se han encargado de difundir la “necesidad” del control demográfico y la promoción del aborto en los países en vías de desarrollo. Basta con mencionar a magnates como Bill Gates o Ted Turner, que han donado millones de dólares para establecer centros de aborto en el extranjero. ¿Por qué? Porque el crecimiento de la población representa una amenaza para las riquezas.
Su estrategia es hacer creer a las personas que usando preservativos y abortando se están haciendo un bien, en lugar de promover la equidad y la correcta distribución de los bienes, porque eso no les conviene. Simplemente se aprovechan de la ignorancia de las personas que no tienen conocimiento de todas las comodidades con las que gozan los más poderosos. Al final, quienes asumen la ideología de la sobrepoblación, se vuelven tontos útiles, que sin saberlo, enriquecen a los que más tienen.
La solución para los problemas medioambientales no es el control natal, sino la difusión de la consciencia de no abusar de los recursos disponibles. No podemos continuar siendo manipulados por esta corriente ideológica, ni hacernos indiferentes ante la cantidad horrorosa de niños que mueren a causa del aborto cada día, creyendo que beneficiará de algún modo la calidad de vida en nuestros países. El control demográfico beneficia única y exclusivamente a los poderes.


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